Jue. Dic 3rd, 2020
MOVILIDAD URBANA

Desde su aparición, el COVID-19 se transformó en uno de los virus más amenazantes para la humanidad, sobre todo por su facilidad de propagación y causando estragos a nivel global.

Entre las medidas de prevención para no contagiarse con el virus, la Organización Mundial de la Salud (OMS) e instancias médicas recomiendan el distanciamiento social, evitar lugares públicos y la concentración de personas; tres elementos que convergen en el uso del transporte público.

Desescalada: España y la movilidad eléctrica

A principios de mayo la nación europea exploró su primera fase de desescalada a fin de activar ciertos sectores económicos e indispensables que fueron paralizados tras la aparición de la pandemia.

Desde entonces, aumentó la incertidumbre sobre cómo sería la nueva normalidad y cómo se recuperará la movilidad sin que esto influya en una nueva recaída.

En este caso, la movilidad eléctrica es una de las soluciones más eficaces para que las personas puedan desplazarse a sitios de trabajo, hacer diligencias, cumplir con ciertas labores, minimizando el riesgo de infectarse, tal como sucede con el transporte público donde se concentran grandes cantidades de personas.

Este cambio de escenario -sin duda alguna- deja muchas dudas, lo que sí está seguro es que las personas se moverán menos en transporte público y podrían optar por la movilidad eléctrica urbana.

Aunque los planes de desescalada se vayan dando por etapas, el resultado del confinamiento dejó cielos de las grandes urbes azules, cosa que no pasaba desde hace muchos años.

Los niveles de contaminación bajaron significativamente debido a la buena calidad atmosférica con mínimos niveles contra la salud pública. Pero ¿Por qué  ocurrió esto?

Cientos de expertos han llegado a la conclusión que se debe al mayor uso de los vehículos de dos ruedas y el motor eléctrico debido a la restricción de los vehículos de cuatro ruedas que generan mayores cantidades de contaminación y monóxido de carbono.

De hecho, desde marzo hubo un crecimiento notable en las dos ruedas eléctricas frente a los carros y actualmente con el peligro del COVID-19 se vuelve un tema sustancial tomando en cuenta que la movilidad eléctrica ofrece soluciones eficientes que además generan empleo, competitividad y fortalecen el tejido productivo, tecnológico y social del país.

De este modo, la movilidad eléctrica urbana pasó a ser hoy en día la forma más segura de moverte por la ciudad, reduciendo el riesgo de contraer el virus que atenta contra la humanidad actualmente.

Entonces, es una oportunidad para tomar conciencia y colocar el mayor esfuerzo con el fin de mantener un ambiente más pulcro y otra oportunidad para salvaguardar la salud ante el nuevo coronavirus y bajar las probabilidades de infectarse.

Situación de España respecto al COVID-19

El COVID-19 trasladó su epicentro de China -lugar de origen- a Europa, específicamente a países como Italia y España, teniendo este último territorio más de 244.000 contagiados y más de 27.000 muertes a causa del virus.

Actualmente, el Gobierno trabaja en un programa para la transición hacia la nueva normalidad, el mismo se materializa en una desescalada progresiva que consta de cuatro fases y que tal como lo indicamos, permitirá una mayor movilidad.

Paso de una fase a otra

La Fase 0 de la desescalada inició el 4 de mayo, desde entonces, un conjunto de marcadores definen el paso de una a otra tomando en cuenta que son 4.

–       En primer lugar, se debe tomar en cuenta la situación epidemiológica evaluando la evolución del virus en el territorio.

–       La capacidad del sistema sanitario para atender a los pacientes, bien sea en provincias o islas.

–       Avance y fortaleza económica, así como capacidad de movilidad.

–       Creación e implementación de acciones direccionadas a la protección de los ciudadanos que transiten por comercios, lugares de trabajo, espacios públicos y transporte urbano.

Movilidad después de entrar a la nueva normalidad

Es de conocimiento público que, tras culminar la Fase 4 y entrar en la llamada nueva normalidad las personas no podrán desplazarse entre distintas provincias, a menos que tengan motivos justificados, tal como lo han informado autoridades gubernamentales.

Hay que tomar en cuenta que los desplazamientos deberán contemplar las actividades permitidas y cumpliendo con las normas de seguridad sanitaria y distanciamiento social.

Fase de la 0 a la 4: Desescalada del confinamiento tras el COVID-19

Aunque el tema de la movilidad eléctrica ocupa la mayor atención de la ciudadanía española, también se debe aclarar de qué se tratan cada una de las fases aunque ya España esté en la recta final de este proceso de desescalada.

–       Fase 0: Inició el pasado 4 de mayo actuando como un plan preparatorio para el proceso de desescalada y con restricciones estipuladas en el estado de alarma.

En este caso, estuvieron permitidas las actividades deportivas sin contacto. En cuanto a la movilidad urbana se añadieron de modo progresivo las frecuencias del transporte público.

–       Fase 1: Inició el pasado 11 de mayo, aquí se permitieron los desplazamientos, tomando en cuenta el uso obligatorio de mascarillas, guantes y guardando el debido distanciamiento social.

–    Fase 2: Desde el 25 de mayo se mantuvo la limitación en el territorio español, aplicando medidas de protección pero en este caso el contacto social fue entre grupos más amplios.

A su vez se pudo asistir a bodas o velatorios, además estuvieron permitidos desplazamientos a segundas residencias, acudir a centros de educación, bares, restaurantes, actividades deportivas no profesionales, entre otras.

–    Fase 3: Inició el pasado 8 de junio y entre las actividades permitidas están: el contacto social para personas no vulnerables ante la pandemia, también se podrán acudir a playas cumpliendo con las normas de distanciamiento y acudir a partidos no profesionales.

Autoridades permitieron la asistencia a actos culturales al aire libre pero sin superar a los 800 asistentes.

Evidentemente, la descripción de cada una de estas fases varias dependiendo de las autonomías y localidades que conjuntamente con el Gobierno central programan la forma en que se implementa el estado de alarma.

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